VENTURA RODRÍGUEZ
(1717-1785)
“Grande en la invención, por la sublimidad de su genio;
grande en la disposición, por la profundidad de su sabiduría;
grande en el ornato, por la amenidad de su imaginación
y por la exactitud de su gusto.”
Jovellanos. Elogio de don Ventura Rodríguez.
LA VOZ DEL RESTAURADOR DE LA ARQUITECTURA.
Por formación, inclinación personal y encuadre en el gusto hispano de su tiempo fue un arquitecto que se expresó dentro de un barroco clasicista de origen italiano y fue representante de una Academia de Bellas Artes que la reguló a base de educación y normas comunes. Desde este enfoque se entiende que la arquitectura de Rodríguez choque con el barroco castizo español -Churriguera, Tomé, Ribera-.
En Ventura Rodríguez la arquitectura del buen gusto destaca frente a la tradición anterior. De ahí que algunos ilustrados como Jovellanos, valorasen su obra como la del restaurador de la arquitectura, que “la levantó desde la mayor decadencia al más alto grado de esplendor... y fijó en él la época más brillante de la arquitectura española”.
Ventura Rodríguez Tizón nació en Ciempozuelos, Madrid, el 14 de julio de 1717, siendo hijo de un oficial de albañil. Contrajo matrimonio con María Antonia Rojo, fallecida el 10 de agosto de 1750, y en segunda nupcias con María Micaela Cayón, hija del famoso arquitecto gaditano Torcuato Cayón, la cual moriría el 16 de enero de 1776.
A los catorce años entró al servicio de E. Marchand, que dirigía con gusto francés las obras del palacio de Aranjuez. Durante su formación hizo dibujos para el ornato del Real Sitio. A los dieciocho años Rodríguez entró como oficial delineante de Filippo Juvara, el más importante arquitecto de Italia, y posteriormente con Juan B. Sacchetti. En 1737 era el primer dibujante y sucesivamente fue Aparejador segundo de las Obras Reales y del Palacio Real, lugarteniente de Sacchetti y arquitecto delineador mayor. La mayor parte de su trabajo lo desarrolló de modo anónimo, dibujando para las obras reales bajo la mirada atenta de sus maestros, pero asegurándose comisiones particulares, como el túmulo funerario del Cardenal Molina en 1744 y en 1749 la pequeña iglesia de San Marcos de Madrid, que abre su etapa de madurez.
La actividad temprana de Ventura Rodríguez se derivó de su destacado puesto en el Palacio Nuevo y de su vinculación a la Academia de San Fernando desde el inicio de la Junta Preparatoria (1744). La reorganización de cargos de la Academia le llevó a ser director de Arquitectura (1752), junto con José de Hermosilla, cuya vacante fue ocupada por Diego de Villanueva, dando lugar a numerosos lances, a través de los cuales afloraron sus intereses y sus ideas artísticas.
Afianzado con la seguridad de sus títulos y honores, bajo el reinado de Fernando VI, Rodríguez alcanzó su cenit profesional con un estilo maduro de origen barroco romano. Entre las obras de este período destacan la Santa Capilla del Pilar de Zaragoza, Capilla de San Julián de la catedral de Cuenca, iglesia abacial de Silos (1751), la Capilla de San Pedro de Alcántara en Arenas de San Pedro, el Convento de Agustinos Filipinos de Valladolid, el Sagrario de la catedral de Jaén, el Palacio de Boadilla del Monte, el Hospicio de Oviedo. Entre las obras finales de la década de 1760 señalamos el Pórtico de San Sebastián de Azpeitia y la Colegiata de Santa Fe. En la década de 1770 proyectó tres grandes palacios: para el Duque de Alba, el Conde de Altamira y el Duque de Berwick y Liria.
El cardenal D. Francisco Antonio Lorenzana, arzobispo de Toledo, nombró a Rodríguez Maestro Mayor de la catedral (1772) y promovió la reforma de su fachada principal. Las obras más importantes ejecutadas por Rodríguez en Toledo fueron la Capilla del Palacio Arzobispal, la reforma del Alcázar para hospicio y los retablos de la Capilla de Reyes Nuevos y el Patio del Colegio de Doncellas Nobles.
En 1764 Rodríguez fue nombrado arquitecto supervisor del Consejo de Castilla. Fue reelegido director general de la Academia de San Fernando. El 23 de diciembre de 1777, Rodríguez fue comisionado por la Cámara de Castilla para restaurar Nuestra Señora de Covadonga. Una de sus obras más interesantes es la fachada de la Catedral de Pamplona (1783), con un estilo sobrio, pero de ascendencia barroco-clasicista. Ventura Rodríguez falleció en Madrid el 26 de agosto de 1785.
La fachada de la Catedral de Pamplona culmina brillantemente una trayectoria arquitectónica, formada en el espíritu barroco italiano, estilo con el que hasta el final Rodríguez produjo composiciones basadas en la tensión unitaria y en la integración de las partes, en la utilización del lenguaje clásico y de sus dialectos, lo que hace que su obra resulte siempre solemne, en ocasiones ornamentada y en otras austera, como fruto del concepto de decoro y del uso modal de los órdenes arquitectónicos. Sin olvidar estas dos ideas, en otros momentos es simplemente la funcionalidad y la economía de medios lo que reduciendo la arquitectura a simple construcción, sin llegar a ser neoclasicismo, por el intrínseco carácter barroco de plantas, alzado y espacialidad a las que Rodríguez siempre fue fiel.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
Será vano el intento de humanizar las guerras. Lo humano es evitarlas.
Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL: http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm.
Gracias
viernes, 8 de febrero de 2008
jueves, 7 de febrero de 2008
FORO LIBRE: HOMENAJE A MANUEL CURROS ENRIQUEZ
FORO LIBREASOCIACION CULTURAL, ARTISTICA Y LITERARIA
Francisco Arias Solís - Presidente ~ Plaza San Severiano, 2 ~ 11007 - CADIZ
e-mail: pazylibertad@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias
“Del mar por la orilla,
la miré pasar,
en la frente una estrella,
en la boca un cantar.”
Manuel Curros Enriquez.
HOMENAJE DE FORO LIBRE A MANUEL CURROS ENRIQUEZ
El próximo lunes, día 11, a las 20.00 horas, en la cafetería-restaurante El Cantábrico (Avda. Cayetano del Toro, 21 - Cádiz), la Asociación Cultural, Artística y Literaria FORO LIBRE celebrará un encuentro literario sobre la vida y la obra del poeta gallego Manuel Curros Enriquez (1851-1908), con motivo del centenario de su muerte.
Curro es el príncipe de los poetas gallegos. La popularidad de Curros no cede a la de Rosalía de Castro, dentro y fuera de Galicia. Fue coronado dos veces en vida. En Galicia, en Madrid y en La Habana le rindieron multitudinarios homenajes. Ni Pondal, ni, menos Rosalía disfrutaron de semejante culto. Curros se consagró como poeta gallego con la publicación de Aires da miña terra. El número de sus ediciones coloca a este libro a la cabeza de todos los gallegos en cuanto a popularidad. Además de los Aires, Curros no publicó más libros gallegos que O aivino sainete.
En 1871 se casa con Modesta Luisa Polonia Vázquez Rodríguez, hija de un andaluz que era magistrado de la Audiencia de Madrid. En 1872 apareció en La Ilustración Republicana Federal su poesía titulada “Tributo de la sangre”. Un año más tarde ingresa como redactor en la Gaceta de Madrid. En 1880 publica su famoso Aires da miña terra. El obispo de Orense firmó un edicto condenando el libro de Curros por contener “proposiciones heréticas, blasfemas, escandalosas, y algunas que merecen otra censura”. Los ejemplares en poder del editor fueron secuestrados y los moldes deshechos. Curros fue procesado.
El 27 de marzo de 1893 llega para Curros la apoteosis de la coronación que tuvo lugar en el teatro de la Comedia de Madrid. Al año siguiente embarca con destino a La Habana. Allí dirige el periódico La Terra Gallega. Curros ingresa en la redacción de El Diario de la Marina. En 1904 Curros llega a La Coruña, en cuyo teatro Principal, se celebró el solemne acto de la segunda coronación del poeta. Curros regresa a La Habana, donde muere el 7 de febrero de 1908.
No hagamos las paces con la guerra, ni tampoco levantemos guerras con la paz.
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“Del mar por la orilla,
la miré pasar,
en la frente una estrella,
en la boca un cantar.”
Manuel Curros Enriquez.
HOMENAJE DE FORO LIBRE A MANUEL CURROS ENRIQUEZ
El próximo lunes, día 11, a las 20.00 horas, en la cafetería-restaurante El Cantábrico (Avda. Cayetano del Toro, 21 - Cádiz), la Asociación Cultural, Artística y Literaria FORO LIBRE celebrará un encuentro literario sobre la vida y la obra del poeta gallego Manuel Curros Enriquez (1851-1908), con motivo del centenario de su muerte.
Curro es el príncipe de los poetas gallegos. La popularidad de Curros no cede a la de Rosalía de Castro, dentro y fuera de Galicia. Fue coronado dos veces en vida. En Galicia, en Madrid y en La Habana le rindieron multitudinarios homenajes. Ni Pondal, ni, menos Rosalía disfrutaron de semejante culto. Curros se consagró como poeta gallego con la publicación de Aires da miña terra. El número de sus ediciones coloca a este libro a la cabeza de todos los gallegos en cuanto a popularidad. Además de los Aires, Curros no publicó más libros gallegos que O aivino sainete.
En 1871 se casa con Modesta Luisa Polonia Vázquez Rodríguez, hija de un andaluz que era magistrado de la Audiencia de Madrid. En 1872 apareció en La Ilustración Republicana Federal su poesía titulada “Tributo de la sangre”. Un año más tarde ingresa como redactor en la Gaceta de Madrid. En 1880 publica su famoso Aires da miña terra. El obispo de Orense firmó un edicto condenando el libro de Curros por contener “proposiciones heréticas, blasfemas, escandalosas, y algunas que merecen otra censura”. Los ejemplares en poder del editor fueron secuestrados y los moldes deshechos. Curros fue procesado.
El 27 de marzo de 1893 llega para Curros la apoteosis de la coronación que tuvo lugar en el teatro de la Comedia de Madrid. Al año siguiente embarca con destino a La Habana. Allí dirige el periódico La Terra Gallega. Curros ingresa en la redacción de El Diario de la Marina. En 1904 Curros llega a La Coruña, en cuyo teatro Principal, se celebró el solemne acto de la segunda coronación del poeta. Curros regresa a La Habana, donde muere el 7 de febrero de 1908.
No hagamos las paces con la guerra, ni tampoco levantemos guerras con la paz.
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martes, 5 de febrero de 2008
ARTURO SERRANO PLAJA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS
ARTURO SERRANO PLAJA
(San Lorenzo del Escorial, 1909 – Santa Bárbara, 1979)
“Sólo quiero quererte porque quiero
llevarte, desvalido de la mano
hacia el oscuro llanto que mereces.”
Arturo Serrano-Plaja.
LA VOZ DE LA SECRETA TERNURA
Arturo Serrano Plaja fue un destacado componente de la “generación de 1936”. En España primero con su poesía lírica, amorosa, pero también social –de la cual fue él uno de los principales iniciadores- y de la guerra; y luego en Francia y en América durante cuarenta largos años de exilio, con su poesía de soledad, derrota y nostalgia, y más tarde religiosa; con sus varios ensayos y novelas, Serrano Plaja es sin duda un muy representativo miembro de esa generación escindida, dispersa, truncada, en gran parte malograda, que fue la generación literaria de la guerra civil española.
Tal vez, Arturo Serrano Plaja, ha sido el poeta de su generación que menos audiencia ha merecido en nuestro país, y sin embargo, quizá no haya ningún otro con su capacidad de conmoción en los temas del sufrimiento colectivo, o que se le parezca en lo singular de su queja religiosa, rebelde, sangrante, con su ternura secreta y su desamparo.
Arturo Serrano Plaja nace en San Lorenzo del Escorial en 1909. Estudia el bachillerato en el colegio de los Agustinos de El Escorial. Conoce en Madrid a César Vallejo, de quien recibe enseñanzas filosóficas-políticas. Realiza estudios en la Escuela Industrial de Madrid. Es mención obligada citar sus primerizas colaboraciones en el periódico El Sol, que inició en el año 1932. Por entonces había fundado una revista juvenil que se llamó Revista Nueva, con Juan Antonio Maravall, Leopoldo Panero, Dionisio Ridruejo y Javier Echarri. En 1933 fundó otra revista Hoja Literaria, con Enrique Azcoaga y Antonio Sánchez Barbudo. Por esas fechas colaboró en Octubre, Frente Literario y Caballo Verde para la Poesía. Con César M. Arconada y Emilio Delgado fundó, en 1935, la revista El Tiempo Presente, que fue una continuación de Octubre. Tiene especial interés el debate que, en 1935, mantuvo con José Bergamín en Cruz y Raya y en Leviatán sobre el sentido del discurso de André Gide, Defensa de la cultura. Empieza a componer el 1º de Mayo de 1935 los primeros poemas de El hombre y el trabajo, un canto al trabajo en libertad, lleno de fe y esperanza, que es probablemente el mejor libro de poesía escrito en el trienio de la contienda provocada por la rebelión militar de 1936. Participa en la defensa de Madrid y se alista en el Quinto Regimiento. Fue uno de los redactores de Hora de España. Esta revista fue fundada en Valencia a fines de 1936, por un grupo de jóvenes escritores y artistas que desde un principio hicieron de redactores: Juan Gil-Albert, Rafael Dieste, Antonio Sánchez Barbudo y Ramón Gaya. A mediados de 1937, se unieron a ellos en la redacción María Zambrano y Arturo Serrano Plaja, quienes estuvieron igualmente un papel de importancia en la marcha de la revista y el no haber formado parte en su fundación fue debido a estar ausentes de Valencia por aquellas fechas en que fue creada. Serrano Plaja siguió en el frente de Madrid, hasta el verano del 37. “Es Arturo Serrano Plaja, dilecto amigo nuestro –decía Antonio Machado-, un poeta-soldado o soldado-poeta, hombre tan a la altura de las circunstancias...” Y Alberti nos dijo: “Me sobra con conocer a este joven Arturo de El Escorial.... Le tengo fe. Le veo trabajar con furia, con desesperación y constancia. Como verdadero escritor pretende obras grandes... “
Serrano Plaja colaboró, de 1936 a 1939, también en revistas como El Mono Azul y Nueva Cultura. Fue nombrado secretario del II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas y fue lector de la famosa “Ponencia Colectiva”, que firmó junto a Emilio Prados, Miguel Hernández, Ramón Gaya, Juan Gil-Albert, Antonio Sánchez Barbudo, Angel Gaos, Antonio Aparicio, Lorenzo Varela, Herrera Petere...
Se exilia en 1939. Después de haber permanecido algún tiempo en un campo de concentración en Francia, vivió allí mismo y luego se trasladó a América: Chile y Argentina. Cuando Serrano Plaja y Salas Viu llegan a Chile. Pablo Neruda escribe: “Vosotros sois los únicos amigos de mi vida literaria en España que habéis llegado a mi patria. Hubiera querido traerlos a todos y no he desistido de ello. Trataré de traerlos, de México, de Buenos Aires, de Santo Domingo, de España”.
En 1942, exiliado en Argentina, fundó con Lorenzo Varela, la revista De Mar a Mar. En los años cincuenta se trasladó a París. Allí en la revista Cuadernos fue donde publicó, en 1960, el ensayo El arte comprometido y el compromiso del arte, que supuso su ruptura con el comunismo. Serrano Plaja reconvertido al catolicismo y a la vez desengañado con la política se alejó de sus compañeros.
En 1961 fue invitado por su amigo Antonio Sánchez Barbudo a ocupar un puesto de profesor visitante en la Universidad de Wisconsin, en Estados Unidos. De ahí pasó, primero a la Universidad de Minneapolis, en Minnesota, y, después, a la Universidad de Santa Bárbara, en California. Desarrollando en esta última Universidad hasta su muerte, en 1979, la labor de catedrático de Literatura.
La originalidad de la expresión poética de Serrano Plaja se vislumbra ya en sus primeros libros; Sombra indecisa (1932), Destierro infinito (1936) y El hombre y el trabajo (1938). Pero donde estalla es en Galope de la suerte (1958). Otras obras poéticas son: Versos de guerra y paz (1945) y La mano de Dios pasa por este perro (1965). Su novela Del cielo y del escombro (1943) fue calificada como la obra más importante, más ambiciosa de las publicadas hasta entonces por el grupo de jóvenes escritores de la generación del 36. Publicó una Antología de los místicos españoles (1946) y el ensayo Realismo “mágico” en Cervantes (1966). Finalmente en 1970, publicó Los álamos oscuros.
Desde los años de preguerra, aparece Serrano Plaja como poeta riguroso, exigente. No iba su poesía social a ceder el paso al exabrupto o a irse por el fácil camino de la consigna. Precisamente por sincera, un sentimiento auténtico sostiene su palabra. Escribir poesía social no es una degradación de la lírica, sino algo tan legítimo como escribir poesía movida por cualquier otro sentimiento. Asombra y emociona ver cómo Arturo Serrano Plaja supo percibir, en la soledad del cuarto donde, en intimo desahogo, el hombre puede llorar a solas, el esfuerzo común de todos los hombres trabajando unidos.
Una gran preocupación por el destino del hombre –de sí mismo, y de los otros- es típica en toda la poesía de Serrano Plaja. Ahora bien, a este poeta le interesa destacar no el destino último del ser humano, que vive y muere absurdamente, sino contemplar al hombre, productor de fuerza de trabajo; y cantar –o mejor, narrar en forma coloquial-al trabajo “libre”. En su “Canto a la libertad”, el poeta escurialense nos dice que la libertad es el bien más alto que posee el hombre. Por eso no la alcanza la torpe mano de la soberbia ciega que atenta contra ella. Para Serrano Plaja, la libertad era “el pabellón del tiempo colocado en lo más admirable del esfuerzo del hombre, / en la parte más alta que al hombre pertenece”.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs
Por la convivencia frente a la crispación.
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(San Lorenzo del Escorial, 1909 – Santa Bárbara, 1979)
“Sólo quiero quererte porque quiero
llevarte, desvalido de la mano
hacia el oscuro llanto que mereces.”
Arturo Serrano-Plaja.
LA VOZ DE LA SECRETA TERNURA
Arturo Serrano Plaja fue un destacado componente de la “generación de 1936”. En España primero con su poesía lírica, amorosa, pero también social –de la cual fue él uno de los principales iniciadores- y de la guerra; y luego en Francia y en América durante cuarenta largos años de exilio, con su poesía de soledad, derrota y nostalgia, y más tarde religiosa; con sus varios ensayos y novelas, Serrano Plaja es sin duda un muy representativo miembro de esa generación escindida, dispersa, truncada, en gran parte malograda, que fue la generación literaria de la guerra civil española.
Tal vez, Arturo Serrano Plaja, ha sido el poeta de su generación que menos audiencia ha merecido en nuestro país, y sin embargo, quizá no haya ningún otro con su capacidad de conmoción en los temas del sufrimiento colectivo, o que se le parezca en lo singular de su queja religiosa, rebelde, sangrante, con su ternura secreta y su desamparo.
Arturo Serrano Plaja nace en San Lorenzo del Escorial en 1909. Estudia el bachillerato en el colegio de los Agustinos de El Escorial. Conoce en Madrid a César Vallejo, de quien recibe enseñanzas filosóficas-políticas. Realiza estudios en la Escuela Industrial de Madrid. Es mención obligada citar sus primerizas colaboraciones en el periódico El Sol, que inició en el año 1932. Por entonces había fundado una revista juvenil que se llamó Revista Nueva, con Juan Antonio Maravall, Leopoldo Panero, Dionisio Ridruejo y Javier Echarri. En 1933 fundó otra revista Hoja Literaria, con Enrique Azcoaga y Antonio Sánchez Barbudo. Por esas fechas colaboró en Octubre, Frente Literario y Caballo Verde para la Poesía. Con César M. Arconada y Emilio Delgado fundó, en 1935, la revista El Tiempo Presente, que fue una continuación de Octubre. Tiene especial interés el debate que, en 1935, mantuvo con José Bergamín en Cruz y Raya y en Leviatán sobre el sentido del discurso de André Gide, Defensa de la cultura. Empieza a componer el 1º de Mayo de 1935 los primeros poemas de El hombre y el trabajo, un canto al trabajo en libertad, lleno de fe y esperanza, que es probablemente el mejor libro de poesía escrito en el trienio de la contienda provocada por la rebelión militar de 1936. Participa en la defensa de Madrid y se alista en el Quinto Regimiento. Fue uno de los redactores de Hora de España. Esta revista fue fundada en Valencia a fines de 1936, por un grupo de jóvenes escritores y artistas que desde un principio hicieron de redactores: Juan Gil-Albert, Rafael Dieste, Antonio Sánchez Barbudo y Ramón Gaya. A mediados de 1937, se unieron a ellos en la redacción María Zambrano y Arturo Serrano Plaja, quienes estuvieron igualmente un papel de importancia en la marcha de la revista y el no haber formado parte en su fundación fue debido a estar ausentes de Valencia por aquellas fechas en que fue creada. Serrano Plaja siguió en el frente de Madrid, hasta el verano del 37. “Es Arturo Serrano Plaja, dilecto amigo nuestro –decía Antonio Machado-, un poeta-soldado o soldado-poeta, hombre tan a la altura de las circunstancias...” Y Alberti nos dijo: “Me sobra con conocer a este joven Arturo de El Escorial.... Le tengo fe. Le veo trabajar con furia, con desesperación y constancia. Como verdadero escritor pretende obras grandes... “
Serrano Plaja colaboró, de 1936 a 1939, también en revistas como El Mono Azul y Nueva Cultura. Fue nombrado secretario del II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas y fue lector de la famosa “Ponencia Colectiva”, que firmó junto a Emilio Prados, Miguel Hernández, Ramón Gaya, Juan Gil-Albert, Antonio Sánchez Barbudo, Angel Gaos, Antonio Aparicio, Lorenzo Varela, Herrera Petere...
Se exilia en 1939. Después de haber permanecido algún tiempo en un campo de concentración en Francia, vivió allí mismo y luego se trasladó a América: Chile y Argentina. Cuando Serrano Plaja y Salas Viu llegan a Chile. Pablo Neruda escribe: “Vosotros sois los únicos amigos de mi vida literaria en España que habéis llegado a mi patria. Hubiera querido traerlos a todos y no he desistido de ello. Trataré de traerlos, de México, de Buenos Aires, de Santo Domingo, de España”.
En 1942, exiliado en Argentina, fundó con Lorenzo Varela, la revista De Mar a Mar. En los años cincuenta se trasladó a París. Allí en la revista Cuadernos fue donde publicó, en 1960, el ensayo El arte comprometido y el compromiso del arte, que supuso su ruptura con el comunismo. Serrano Plaja reconvertido al catolicismo y a la vez desengañado con la política se alejó de sus compañeros.
En 1961 fue invitado por su amigo Antonio Sánchez Barbudo a ocupar un puesto de profesor visitante en la Universidad de Wisconsin, en Estados Unidos. De ahí pasó, primero a la Universidad de Minneapolis, en Minnesota, y, después, a la Universidad de Santa Bárbara, en California. Desarrollando en esta última Universidad hasta su muerte, en 1979, la labor de catedrático de Literatura.
La originalidad de la expresión poética de Serrano Plaja se vislumbra ya en sus primeros libros; Sombra indecisa (1932), Destierro infinito (1936) y El hombre y el trabajo (1938). Pero donde estalla es en Galope de la suerte (1958). Otras obras poéticas son: Versos de guerra y paz (1945) y La mano de Dios pasa por este perro (1965). Su novela Del cielo y del escombro (1943) fue calificada como la obra más importante, más ambiciosa de las publicadas hasta entonces por el grupo de jóvenes escritores de la generación del 36. Publicó una Antología de los místicos españoles (1946) y el ensayo Realismo “mágico” en Cervantes (1966). Finalmente en 1970, publicó Los álamos oscuros.
Desde los años de preguerra, aparece Serrano Plaja como poeta riguroso, exigente. No iba su poesía social a ceder el paso al exabrupto o a irse por el fácil camino de la consigna. Precisamente por sincera, un sentimiento auténtico sostiene su palabra. Escribir poesía social no es una degradación de la lírica, sino algo tan legítimo como escribir poesía movida por cualquier otro sentimiento. Asombra y emociona ver cómo Arturo Serrano Plaja supo percibir, en la soledad del cuarto donde, en intimo desahogo, el hombre puede llorar a solas, el esfuerzo común de todos los hombres trabajando unidos.
Una gran preocupación por el destino del hombre –de sí mismo, y de los otros- es típica en toda la poesía de Serrano Plaja. Ahora bien, a este poeta le interesa destacar no el destino último del ser humano, que vive y muere absurdamente, sino contemplar al hombre, productor de fuerza de trabajo; y cantar –o mejor, narrar en forma coloquial-al trabajo “libre”. En su “Canto a la libertad”, el poeta escurialense nos dice que la libertad es el bien más alto que posee el hombre. Por eso no la alcanza la torpe mano de la soberbia ciega que atenta contra ella. Para Serrano Plaja, la libertad era “el pabellón del tiempo colocado en lo más admirable del esfuerzo del hombre, / en la parte más alta que al hombre pertenece”.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs
Por la convivencia frente a la crispación.
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lunes, 4 de febrero de 2008
ELIMINAR TODAS LAS BARRERAS POR FRANCISCO ARIAS SOLIS
ELIMINAR TODAS LAS BARRERAS
“Golpeé con mi voz, con mi palabra
-no sé dónde, ni lo sabré jamás-:
nadie me abrió.”
Emilio Prados.
SE HACE MENESTER UNA MAYOR SENSIBILIDAD
La Unión Europea estima en un siete por ciento de su población, el colectivo de personas que padecen algún tipo de déficit funcional, si a dicho colectivo se le añaden todas aquellas personas que padecen discapacidades transitorias ( personas accidentadas en recuperación...) y todas aquellas otras que presentan una movilidad reducida (ancianos) entonces la proporción se eleva al quince por ciento. En España la cifra se eleva a seis millones de personas.
Algo tan sencillo para una gran mayoría de la población como es dar un paseo o sacar dinero de un cajero automático, puede convertirse en una auténtica proeza para las personas discapacitadas. Son muchas las actividades que están vedadas para estas personas por culpa de las barreras arquitectónicas. Un bordillo de acera, unos hermosos escalones que impiden el acceso en la mayoría de los edificios públicos y privados, puertas de entrada tan estrechas que hay que pasar de canto. Todos estos obstáculos hacen casi imposible que el colectivo de personas que sufren discapacidades pueda moverse por su cuenta por nuestras ciudades sin la ayuda de alguien, lo que condiciona de manera significativa su integración en la sociedad.
La multitud de barreras arquitectónicas y sociales con las que viene enfrentándose desde hace tiempo este colectivo ha contribuido a que en un alto porcentaje no haya podido acceder a la educación y se haya visto abocado al analfabetismo. En algunas comunidades autónomas, las tasas de analfabetismo y de paro de la población que sufre problemas de discapacidad son patéticas.
Muchos parlamentos de comunidades autónomas han aprobado normas que contemplan la integridad de las materias que afectan a los minusválidos. Sin embargo, la aplicación de dichas normas no eliminarán todas las barreras. Aún persistirá una, tal vez la más insalvable, que hace extremadamente difícil la plena integración de este colectivo: la barrera de los prejuicios sociales, de la incomprensión y de la intolerancia.
De nada sirven los vados en las aceras para facilitar la circulación de las personas que se desplazan en silla de ruedas, si la falta de sensibilidad hace que numerosos conductores estacionen sus vehículos frente a ellos. De nada vale colocar rampas de acceso, si las puertas que disponen de ellas son las que permanecen siempre cerradas. De nada servirá poner plataformas elevadoras en los transportes públicos si luego no estuviéramos dispuestos a respetar ese espacio para los que sólo pueden disponer de él. No tendrá ningún sentido adaptar los edificios de viviendas o las instalaciones de los clubes deportivos o recreativos, para hacerlos accesibles a las personas con discapacidad si luego no estuviéramos dispuestos a compartir con ellas esos espacios.
Se abre ante nosotros una nueva etapa, que permite imaginar nuevas ciudades más accesibles y próximas, a las diferentes necesidades de los distintos ciudadanos, más ricas en cuanto a la diversidad de las personas que las habitan, más respetuosas para con el individuo y su peculiar “normalidad”. Pero para ello, necesitamos de un gran esfuerzo colectivo, de una mayor dosis de sensibilidad y respeto hacia los demás y, sobre todo, de las voluntad de solidarizarnos con su problema. El gran reto para estos primeros años del siglo XXI es eliminar todas las barreras. Y como exclamó el poeta: “Señor, Señor de todos, ¿se hará el milagro ahora?”
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs
Ningún hombre considera que su situación es libre si no es al mismo tiempo justa, ni justa si no es libre.
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Gracias.
“Golpeé con mi voz, con mi palabra
-no sé dónde, ni lo sabré jamás-:
nadie me abrió.”
Emilio Prados.
SE HACE MENESTER UNA MAYOR SENSIBILIDAD
La Unión Europea estima en un siete por ciento de su población, el colectivo de personas que padecen algún tipo de déficit funcional, si a dicho colectivo se le añaden todas aquellas personas que padecen discapacidades transitorias ( personas accidentadas en recuperación...) y todas aquellas otras que presentan una movilidad reducida (ancianos) entonces la proporción se eleva al quince por ciento. En España la cifra se eleva a seis millones de personas.
Algo tan sencillo para una gran mayoría de la población como es dar un paseo o sacar dinero de un cajero automático, puede convertirse en una auténtica proeza para las personas discapacitadas. Son muchas las actividades que están vedadas para estas personas por culpa de las barreras arquitectónicas. Un bordillo de acera, unos hermosos escalones que impiden el acceso en la mayoría de los edificios públicos y privados, puertas de entrada tan estrechas que hay que pasar de canto. Todos estos obstáculos hacen casi imposible que el colectivo de personas que sufren discapacidades pueda moverse por su cuenta por nuestras ciudades sin la ayuda de alguien, lo que condiciona de manera significativa su integración en la sociedad.
La multitud de barreras arquitectónicas y sociales con las que viene enfrentándose desde hace tiempo este colectivo ha contribuido a que en un alto porcentaje no haya podido acceder a la educación y se haya visto abocado al analfabetismo. En algunas comunidades autónomas, las tasas de analfabetismo y de paro de la población que sufre problemas de discapacidad son patéticas.
Muchos parlamentos de comunidades autónomas han aprobado normas que contemplan la integridad de las materias que afectan a los minusválidos. Sin embargo, la aplicación de dichas normas no eliminarán todas las barreras. Aún persistirá una, tal vez la más insalvable, que hace extremadamente difícil la plena integración de este colectivo: la barrera de los prejuicios sociales, de la incomprensión y de la intolerancia.
De nada sirven los vados en las aceras para facilitar la circulación de las personas que se desplazan en silla de ruedas, si la falta de sensibilidad hace que numerosos conductores estacionen sus vehículos frente a ellos. De nada vale colocar rampas de acceso, si las puertas que disponen de ellas son las que permanecen siempre cerradas. De nada servirá poner plataformas elevadoras en los transportes públicos si luego no estuviéramos dispuestos a respetar ese espacio para los que sólo pueden disponer de él. No tendrá ningún sentido adaptar los edificios de viviendas o las instalaciones de los clubes deportivos o recreativos, para hacerlos accesibles a las personas con discapacidad si luego no estuviéramos dispuestos a compartir con ellas esos espacios.
Se abre ante nosotros una nueva etapa, que permite imaginar nuevas ciudades más accesibles y próximas, a las diferentes necesidades de los distintos ciudadanos, más ricas en cuanto a la diversidad de las personas que las habitan, más respetuosas para con el individuo y su peculiar “normalidad”. Pero para ello, necesitamos de un gran esfuerzo colectivo, de una mayor dosis de sensibilidad y respeto hacia los demás y, sobre todo, de las voluntad de solidarizarnos con su problema. El gran reto para estos primeros años del siglo XXI es eliminar todas las barreras. Y como exclamó el poeta: “Señor, Señor de todos, ¿se hará el milagro ahora?”
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs
Ningún hombre considera que su situación es libre si no es al mismo tiempo justa, ni justa si no es libre.
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Gracias.
domingo, 3 de febrero de 2008
SEGISMUNDO MORET POR FRANCISCO ARIAS SOLIS
SEGISMUNDO MORET Y PRENDERGAST
(1838-1913):
“Que todos debemos procurar extinguir la hoguera,
pues apagado el fuego, desaparece la columna de humo
que hasta larga distancia denuncia la existencia del peligro.”
Segismundo Moret.
LA VOZ DE UN HIJO PREDILECTO DE CADIZ
Si los gobernantes de España hubieran sido verdaderos hombres de Estado, no se hubiesen escritos hace poco más de un siglo las páginas que más tarde acotarían las historias literarias bajo el rótulo de literatura del Desastre, y hubieran ido sembrando paulatinamente la idea de que era preciso llegar a la emancipación voluntaria de la isla de Cuba. Sin embargo, el gobierno de Sagasta, y singularmente Moret, eran partidarios de la paz. Ni el presidente ni el ministro querían la guerra, por evidencia de la catástrofe. Hicieron cuanto estuvo en sus manos para evitarla, hasta el momento que la presión de carlistas y militares les intimidó vergonzosamente. Faltó valor cívico, faltó entereza, faltó conciencia clara del deber.
Segismundo Moret y Prendergast nace en Cádiz, el 2 de junio de 1838. De familia de desahogada posición, a los pocos años de su nacimiento se traslada a Madrid cursando en la Corte los estudios de Bachillerato y, posteriormente, los de Derecho. Al poco de terminar sus estudios se encargó de la cátedra de Economía Política y después de la de Hacienda Pública de la Facultad de Derecho de Madrid, ambas con carácter de interinidad, hasta que en 1863 ganó por oposición esta última cátedra. Estuvo muchos años de pasante en el bufete de un abogado madrileño. Seguidamente comenzó a pronunciar discursos y a publicar artículos sobre temas económicos y rentísticos y todas las Academias, Ateneos y Círculos científicos de España le abrieron sus puertas en virtud de su especial elocuencia. Fue uno de los fundadores de la Sociedad para Reforma de los Aranceles y en su sesión inaugural se destacó notablemente. También al doctorarse en Derecho Administrativo, pronunció un notable discurso sobre “el capital y el trabajo”. Sus parientes y amigos lo presentaron para diputado y fue elegido por Almadén, provincia de Ciudad Real, en cuya legislatura figuró como independiente. Cuando se discutió el Mensaje de la Corona, Moret, que tenía veinticinco años, pronunció su primer discurso en el Congreso, bellísimo de forma, pero en el que amenazaba con la revolución. Fue muy comentado este discurso, pero seguidamente renunció a su escaño. “El más suave y armonioso de nuestros oradores”, según nos dijo Armando Palacio Valdés, quien también afirmaba de Moret que “la libertad es la musa que inspira todas sus oraciones”.
Triunfante la Revolución de 1868, salió diputado por Ciudad Real pronunciando famosos discursos en las Cortes Constituyentes, y el Ministro Rivero le llevó a la Subsecretaría de Gobernación. En 1870 obtuvo la cartera de Ultramar, y en ella formó las leyes de la Constitución para Puerto Rico, abolición de la esclavitud, comercio de cabotaje y otras. De dicho ministerio pasó al de Hacienda, en el que tramitó el famoso expediente de tabacos, que declararon ilegal los principales personajes políticos obligándole a salir del ministerio.
Nombrado embajador de Inglaterra, renunció a la caída del Gobierno, y entonces estuvo más de un año de director de una importante Casa de Banca de Londres. En las Cortes de 1872 y 1873 figuró como diputado dando su voto para el advenimiento de la República. En 1875 fundó el partido izquierdista, siendo en 1881 ministro de Gobernación en el Gabinete que presidió Posada Herrera, ingresando después en el partido fusionista, liderado por Sagasta.
A la muerte del rey Alfonso XII se encargó del ministerio de Estado y en 1890 volvió a ocupar el de Gobernación. Como ministro de Estado negoció un modus vivendi con Inglaterra y Alemania, y llevó las negociaciones con Marruecos en la primera Guerra de Melilla.
En 1895 pronunció elocuentísimos discursos en Madrid, Zaragoza (representada en Cortes por Moret) y otras provincias, trazando la historia comercial de los Estados Unidos en los últimos cinco años, y política arancelaria, siendo elegido presidente del Ateneo de Madrid (1895-1898) exponiendo en este centro el problema de Cuba; y en Zaragoza defendió la concesión de la autonomía para Cuba y Puerto Rico buscando una paz duradera. Nombrado otra vez ministro de Ultramar, concedió por decreto dicha autonomía, nombrándose un Gobierno autónomo en las Antillas Españolas. Como pensaba Castelar, no es lo mismo la autonomía para la extrema izquierda de Moret que para la extrema derecha de Germán Gamazo. Y aclara: “El señor Moret quería, dirigiéndose a Cuba, decirle, toma las autonomías y daca la paz”, y a esto replicaron Gamazo y Abarzuza, “cambiando la oferta en esta otra, daca la paz y toma las autonomías”.
Moret no fue partidario de la guerra con los Estados Unidos, continuando en el ministerio cuando se inició la guerra con dicha nación (1898) hasta que surgió la crisis política después del desastre del Cavite. En 1901 accedió a la presidencia del Senado; un año después regresó de nuevo a Gobernación. Colaboró en la creación del Instituto de Reformas Sociales, embrión del futuro Ministerio de Trabajo. Se le confió en tres ocasiones, 1905, 1906 y 1909, la formación de gobierno, pero se vio obligado a dimitir. Finalmente fue elegido presidente del Congreso en 1912, durante el Gobierno de Romanones. Segismundo Moret y Prendergast falleció en Madrid el 28 de enero de 1913.
Moret, destacado masón, poseía la Gran Cruz de Carlos III desde 1872; y perteneció a la Comisión Revisora del Código de Comercio; Vicepresidente de la Junta Consultiva de la Moneda; Vocal del Consejo Superior de Agricultura, Industria y Comercio; Presidente honorario de la Cámara de Comercio de Madrid, y Académico de número de la de Lengua y de la de Ciencias Morales y Políticas.
Visitó a Cádiz con frecuencia, haciendo el panegírico de Castelar en una Velada en el Gran Teatro con motivo de la inauguración de la estatua del gran orador gaditano y también pronunció elocuentes discursos con ocasión del Centenario de las Cortes de Cádiz y en la apertura del Primer Congreso Periodístico Español. El 16 de enero de 1907 fue nombrado por el Ayuntamiento gaditano, Hijo Predilecto. En la sala de sesiones de la Casa Consistorial existe una lápida de mármol, en que con letras de oro, dice: Segismundo Moret-Gaditano.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs
La paz no se reduce a la ausencia de guerrasAviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm
Gracias.
(1838-1913):
“Que todos debemos procurar extinguir la hoguera,
pues apagado el fuego, desaparece la columna de humo
que hasta larga distancia denuncia la existencia del peligro.”
Segismundo Moret.
LA VOZ DE UN HIJO PREDILECTO DE CADIZ
Si los gobernantes de España hubieran sido verdaderos hombres de Estado, no se hubiesen escritos hace poco más de un siglo las páginas que más tarde acotarían las historias literarias bajo el rótulo de literatura del Desastre, y hubieran ido sembrando paulatinamente la idea de que era preciso llegar a la emancipación voluntaria de la isla de Cuba. Sin embargo, el gobierno de Sagasta, y singularmente Moret, eran partidarios de la paz. Ni el presidente ni el ministro querían la guerra, por evidencia de la catástrofe. Hicieron cuanto estuvo en sus manos para evitarla, hasta el momento que la presión de carlistas y militares les intimidó vergonzosamente. Faltó valor cívico, faltó entereza, faltó conciencia clara del deber.
Segismundo Moret y Prendergast nace en Cádiz, el 2 de junio de 1838. De familia de desahogada posición, a los pocos años de su nacimiento se traslada a Madrid cursando en la Corte los estudios de Bachillerato y, posteriormente, los de Derecho. Al poco de terminar sus estudios se encargó de la cátedra de Economía Política y después de la de Hacienda Pública de la Facultad de Derecho de Madrid, ambas con carácter de interinidad, hasta que en 1863 ganó por oposición esta última cátedra. Estuvo muchos años de pasante en el bufete de un abogado madrileño. Seguidamente comenzó a pronunciar discursos y a publicar artículos sobre temas económicos y rentísticos y todas las Academias, Ateneos y Círculos científicos de España le abrieron sus puertas en virtud de su especial elocuencia. Fue uno de los fundadores de la Sociedad para Reforma de los Aranceles y en su sesión inaugural se destacó notablemente. También al doctorarse en Derecho Administrativo, pronunció un notable discurso sobre “el capital y el trabajo”. Sus parientes y amigos lo presentaron para diputado y fue elegido por Almadén, provincia de Ciudad Real, en cuya legislatura figuró como independiente. Cuando se discutió el Mensaje de la Corona, Moret, que tenía veinticinco años, pronunció su primer discurso en el Congreso, bellísimo de forma, pero en el que amenazaba con la revolución. Fue muy comentado este discurso, pero seguidamente renunció a su escaño. “El más suave y armonioso de nuestros oradores”, según nos dijo Armando Palacio Valdés, quien también afirmaba de Moret que “la libertad es la musa que inspira todas sus oraciones”.
Triunfante la Revolución de 1868, salió diputado por Ciudad Real pronunciando famosos discursos en las Cortes Constituyentes, y el Ministro Rivero le llevó a la Subsecretaría de Gobernación. En 1870 obtuvo la cartera de Ultramar, y en ella formó las leyes de la Constitución para Puerto Rico, abolición de la esclavitud, comercio de cabotaje y otras. De dicho ministerio pasó al de Hacienda, en el que tramitó el famoso expediente de tabacos, que declararon ilegal los principales personajes políticos obligándole a salir del ministerio.
Nombrado embajador de Inglaterra, renunció a la caída del Gobierno, y entonces estuvo más de un año de director de una importante Casa de Banca de Londres. En las Cortes de 1872 y 1873 figuró como diputado dando su voto para el advenimiento de la República. En 1875 fundó el partido izquierdista, siendo en 1881 ministro de Gobernación en el Gabinete que presidió Posada Herrera, ingresando después en el partido fusionista, liderado por Sagasta.
A la muerte del rey Alfonso XII se encargó del ministerio de Estado y en 1890 volvió a ocupar el de Gobernación. Como ministro de Estado negoció un modus vivendi con Inglaterra y Alemania, y llevó las negociaciones con Marruecos en la primera Guerra de Melilla.
En 1895 pronunció elocuentísimos discursos en Madrid, Zaragoza (representada en Cortes por Moret) y otras provincias, trazando la historia comercial de los Estados Unidos en los últimos cinco años, y política arancelaria, siendo elegido presidente del Ateneo de Madrid (1895-1898) exponiendo en este centro el problema de Cuba; y en Zaragoza defendió la concesión de la autonomía para Cuba y Puerto Rico buscando una paz duradera. Nombrado otra vez ministro de Ultramar, concedió por decreto dicha autonomía, nombrándose un Gobierno autónomo en las Antillas Españolas. Como pensaba Castelar, no es lo mismo la autonomía para la extrema izquierda de Moret que para la extrema derecha de Germán Gamazo. Y aclara: “El señor Moret quería, dirigiéndose a Cuba, decirle, toma las autonomías y daca la paz”, y a esto replicaron Gamazo y Abarzuza, “cambiando la oferta en esta otra, daca la paz y toma las autonomías”.
Moret no fue partidario de la guerra con los Estados Unidos, continuando en el ministerio cuando se inició la guerra con dicha nación (1898) hasta que surgió la crisis política después del desastre del Cavite. En 1901 accedió a la presidencia del Senado; un año después regresó de nuevo a Gobernación. Colaboró en la creación del Instituto de Reformas Sociales, embrión del futuro Ministerio de Trabajo. Se le confió en tres ocasiones, 1905, 1906 y 1909, la formación de gobierno, pero se vio obligado a dimitir. Finalmente fue elegido presidente del Congreso en 1912, durante el Gobierno de Romanones. Segismundo Moret y Prendergast falleció en Madrid el 28 de enero de 1913.
Moret, destacado masón, poseía la Gran Cruz de Carlos III desde 1872; y perteneció a la Comisión Revisora del Código de Comercio; Vicepresidente de la Junta Consultiva de la Moneda; Vocal del Consejo Superior de Agricultura, Industria y Comercio; Presidente honorario de la Cámara de Comercio de Madrid, y Académico de número de la de Lengua y de la de Ciencias Morales y Políticas.
Visitó a Cádiz con frecuencia, haciendo el panegírico de Castelar en una Velada en el Gran Teatro con motivo de la inauguración de la estatua del gran orador gaditano y también pronunció elocuentes discursos con ocasión del Centenario de las Cortes de Cádiz y en la apertura del Primer Congreso Periodístico Español. El 16 de enero de 1907 fue nombrado por el Ayuntamiento gaditano, Hijo Predilecto. En la sala de sesiones de la Casa Consistorial existe una lápida de mármol, en que con letras de oro, dice: Segismundo Moret-Gaditano.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
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sábado, 2 de febrero de 2008
PABLO IGLESIAS POR FRANCISCO ARIAS SOLIS
PABLO IGLESIAS POSSE
(EL FERROL, 1850-MADRID, 1925)
“La voz de Pablo Iglesias tenía para mí el timbre
inconfundible –e indefinible- de la verdad humana.”
Antonio Machado.
LA VOZ DE LA VERDAD HUMANA
Hace ya ochenta y dos años que la voz de Pablo Iglesias ha enmudecido para siempre. La voz de “aquel hombre admirable que esperaba una nueva civilización”, como nos dejó dicho don Miguel de Unamuno. Aquella voz capaz de entusiasmar a Marañón: “¡Con cuánto entusiasmo oíamos aquella voz lejana, que aterró a los espíritus mezquinos de la sociedad española; pero que desde allí, lejos, se veía bien, que era la voz de la verdad”.
Iglesias vivió desde muy pequeño en Madrid. Inteligente y laborioso, pronto alcanzó un buen nivel de instrucción, dada su gran afición por la lectura y las posibilidades que en este sentido le ofrecía su oficio de tipógrafo. Durante toda su vida trabajó activamente en la difusión de las ideas socialistas, viajando incansablemente y escribiendo continuamente artículos en El Socialista, publicación dirigida por él mismo.
Pablo Iglesias ingresó en 1869 en la Primera Internacional. La ilegalización y posterior disolución de la misma por atentar contra la familia, la moral, la patria y... sobre todo contra la propiedad –privada, naturalmente-, le alcanzó afiliado a la Asociación General del Arte de Imprimir. Como directivo de la misma, y sin solución de continuidad de las organizaciones socialistas y de su órgano de prensa, sufrió reiteradas, aunque breves, encarcelaciones, múltiples procesos y diversas sanciones administrativas. Así pues, militó ininterrumpidamente durante cincuenta y seis años de su vida.
A lo largo de estos años, las únicas satisfacciones que obtuvo fueron sus repetidas elecciones como concejal y diputado por Madrid, el lento pero constante crecimiento de sus organizaciones y el respeto y la admiración de sus correligionarios y de otros muchos que no solamente discrepaban de sus principios, sino que militaban en campos adversos. “Lo considero el español más eminente de su época –decía Indalecio Prieto-, aunque en política haya habido otros más sabios y tan virtuosos como él. Le superaron en sabiduría y le igualaron en virtudes Costa, Salmerón y Pi y Margall. ¿Pero quién realizó obra más eficaz, extensa y profunda que la suya?”
Las características más destacadas de la mayor parte de los escritos y discursos de Pablo Iglesias son la originalidad y la actualidad de su contenido. Iglesias condenó siempre la violencia por inhumana y por ineficaz. Cuando el 8 de agosto de 1897 Cánovas del Castillo cayó muerto por un disparo vengador, Iglesias dijo: “Condenamos los crímenes de abajo tanto como los de arriba, aunque algunas veces los primeros sean corolarios de los segundos”. Y añadía: “No contribuyamos a convertir esta sociedad, inarmónica ya por antagonismo de intereses, en una sangrienta lucha de fieras”.
Cuando a fines de 1921 Eduardo Dato caía igualmente abatido por las balas, Iglesias expresaba con mayor claridad aún su pensamiento: “La violencia, por si sola, no resolvió nunca nada: es cosa adjetiva. En España es esencialmente reaccionaria, lo mismo si la ejercen los gobiernos que si la practica el anarquismo. La fórmula salvadora es libertad y justicia. No hay otra”.
Tan sincero era su acento, que cuando en el mismo año de 1921 la Tercera Internacional de Moscú pretendía absorber los partidos socialistas que se habían adherido a la Segunda Internacional, al final del congreso “escisionista” escribió: “... la historia dirá si no hay un principio de error, al deformar la espontaneidad del movimiento de adhesión de todos los proletarios...”
Esto nos demuestra que Iglesias, a más de un confesor, apóstol del socialismo y mártir (probó la cárcel muchas veces), fue también profeta de buena calidad. No es extraño que Ortega y Gasset escribiera: “Pablo Iglesias es un santo”.
Pero quizá lo que más acredita a este santo laico, es su absoluto despegue frente al dinero y al poder. Pablo Iglesias fue siempre un hombre de pueblo: sin dinero y sin apetencias. En efecto, siendo ya un personaje importante de la política del país, el platero Inocente Calleja, que se había convertido fulminantemente a la causa del proletariado, murió dejando en su testamento unos hotelitos de El Escorial a la esposa de Iglesias, “porque de habérselos legado a Pablo, éste los hubiera vendido para emplear el dinero que le diesen en ayudar al sostenimiento del partido y del periódico”.
En 1901 ocupó Canalejas el Ministerio de Agricultura, Industria y Comercio, y pensó crear un Instituto de Reformas Sociales, haciendo de la secretaría el cargo fundamental, con intento de que la desempeñara Iglesias, a quien visitó. La negativa de éste fue terminante: no aceptaría jamás otros cargos que aquellos a los que lo enviara el voto de sus correligionarios.
Queda mucho por contar de la vida del apóstol del socialismo español. “Y es menester acentuar –decía Ortega- que Pablo Iglesias tiene derecho a que su vida sea contada –como ejemplo que solicita la imitación-, cualquiera que fuese la aquiescencia que a sus opiniones se le preste”. Finalmente, citaremos la placa que el Ayuntamiento de El Ferrol colocó en su casa natal: “El 18 de octubre de 1850 nació en esta casa don Pablo Iglesias Posse, apóstol y fundador del socialismo en España. Falleció en Madrid el 9 de diciembre de 1925. En justo homenaje a su vida austera, al temple heroico de su voluntad y la honradez de su conducta, El Ferrol le dedicó este recuerdo en 9 de diciembre de 1927”. Y como dijo Antonio Machado: “En cuanto a la voz de Pablo Iglesias, del compañero Iglesias, o si queréis, del abuelo, yo prefiero escucharla en mi recuerdo o, mejor todavía, en labios de otros hombres no menos auténticos, no menos verdaderos, que aún nos hablan al corazón y a la inteligencia”.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
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Ningún hombre considera que su situación es libre si no es al mismo tiempo justa, ni justa si no es libre.
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(EL FERROL, 1850-MADRID, 1925)
“La voz de Pablo Iglesias tenía para mí el timbre
inconfundible –e indefinible- de la verdad humana.”
Antonio Machado.
LA VOZ DE LA VERDAD HUMANA
Hace ya ochenta y dos años que la voz de Pablo Iglesias ha enmudecido para siempre. La voz de “aquel hombre admirable que esperaba una nueva civilización”, como nos dejó dicho don Miguel de Unamuno. Aquella voz capaz de entusiasmar a Marañón: “¡Con cuánto entusiasmo oíamos aquella voz lejana, que aterró a los espíritus mezquinos de la sociedad española; pero que desde allí, lejos, se veía bien, que era la voz de la verdad”.
Iglesias vivió desde muy pequeño en Madrid. Inteligente y laborioso, pronto alcanzó un buen nivel de instrucción, dada su gran afición por la lectura y las posibilidades que en este sentido le ofrecía su oficio de tipógrafo. Durante toda su vida trabajó activamente en la difusión de las ideas socialistas, viajando incansablemente y escribiendo continuamente artículos en El Socialista, publicación dirigida por él mismo.
Pablo Iglesias ingresó en 1869 en la Primera Internacional. La ilegalización y posterior disolución de la misma por atentar contra la familia, la moral, la patria y... sobre todo contra la propiedad –privada, naturalmente-, le alcanzó afiliado a la Asociación General del Arte de Imprimir. Como directivo de la misma, y sin solución de continuidad de las organizaciones socialistas y de su órgano de prensa, sufrió reiteradas, aunque breves, encarcelaciones, múltiples procesos y diversas sanciones administrativas. Así pues, militó ininterrumpidamente durante cincuenta y seis años de su vida.
A lo largo de estos años, las únicas satisfacciones que obtuvo fueron sus repetidas elecciones como concejal y diputado por Madrid, el lento pero constante crecimiento de sus organizaciones y el respeto y la admiración de sus correligionarios y de otros muchos que no solamente discrepaban de sus principios, sino que militaban en campos adversos. “Lo considero el español más eminente de su época –decía Indalecio Prieto-, aunque en política haya habido otros más sabios y tan virtuosos como él. Le superaron en sabiduría y le igualaron en virtudes Costa, Salmerón y Pi y Margall. ¿Pero quién realizó obra más eficaz, extensa y profunda que la suya?”
Las características más destacadas de la mayor parte de los escritos y discursos de Pablo Iglesias son la originalidad y la actualidad de su contenido. Iglesias condenó siempre la violencia por inhumana y por ineficaz. Cuando el 8 de agosto de 1897 Cánovas del Castillo cayó muerto por un disparo vengador, Iglesias dijo: “Condenamos los crímenes de abajo tanto como los de arriba, aunque algunas veces los primeros sean corolarios de los segundos”. Y añadía: “No contribuyamos a convertir esta sociedad, inarmónica ya por antagonismo de intereses, en una sangrienta lucha de fieras”.
Cuando a fines de 1921 Eduardo Dato caía igualmente abatido por las balas, Iglesias expresaba con mayor claridad aún su pensamiento: “La violencia, por si sola, no resolvió nunca nada: es cosa adjetiva. En España es esencialmente reaccionaria, lo mismo si la ejercen los gobiernos que si la practica el anarquismo. La fórmula salvadora es libertad y justicia. No hay otra”.
Tan sincero era su acento, que cuando en el mismo año de 1921 la Tercera Internacional de Moscú pretendía absorber los partidos socialistas que se habían adherido a la Segunda Internacional, al final del congreso “escisionista” escribió: “... la historia dirá si no hay un principio de error, al deformar la espontaneidad del movimiento de adhesión de todos los proletarios...”
Esto nos demuestra que Iglesias, a más de un confesor, apóstol del socialismo y mártir (probó la cárcel muchas veces), fue también profeta de buena calidad. No es extraño que Ortega y Gasset escribiera: “Pablo Iglesias es un santo”.
Pero quizá lo que más acredita a este santo laico, es su absoluto despegue frente al dinero y al poder. Pablo Iglesias fue siempre un hombre de pueblo: sin dinero y sin apetencias. En efecto, siendo ya un personaje importante de la política del país, el platero Inocente Calleja, que se había convertido fulminantemente a la causa del proletariado, murió dejando en su testamento unos hotelitos de El Escorial a la esposa de Iglesias, “porque de habérselos legado a Pablo, éste los hubiera vendido para emplear el dinero que le diesen en ayudar al sostenimiento del partido y del periódico”.
En 1901 ocupó Canalejas el Ministerio de Agricultura, Industria y Comercio, y pensó crear un Instituto de Reformas Sociales, haciendo de la secretaría el cargo fundamental, con intento de que la desempeñara Iglesias, a quien visitó. La negativa de éste fue terminante: no aceptaría jamás otros cargos que aquellos a los que lo enviara el voto de sus correligionarios.
Queda mucho por contar de la vida del apóstol del socialismo español. “Y es menester acentuar –decía Ortega- que Pablo Iglesias tiene derecho a que su vida sea contada –como ejemplo que solicita la imitación-, cualquiera que fuese la aquiescencia que a sus opiniones se le preste”. Finalmente, citaremos la placa que el Ayuntamiento de El Ferrol colocó en su casa natal: “El 18 de octubre de 1850 nació en esta casa don Pablo Iglesias Posse, apóstol y fundador del socialismo en España. Falleció en Madrid el 9 de diciembre de 1925. En justo homenaje a su vida austera, al temple heroico de su voluntad y la honradez de su conducta, El Ferrol le dedicó este recuerdo en 9 de diciembre de 1927”. Y como dijo Antonio Machado: “En cuanto a la voz de Pablo Iglesias, del compañero Iglesias, o si queréis, del abuelo, yo prefiero escucharla en mi recuerdo o, mejor todavía, en labios de otros hombres no menos auténticos, no menos verdaderos, que aún nos hablan al corazón y a la inteligencia”.
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viernes, 1 de febrero de 2008
ELADIO CABAÑERO POR FRANCISCO ARIAS SOLIS
ELADIO CABAÑERO
(1930-2000)
“Fue aquella vida falsa paz con hambre
ametrallada paz, desvalimiento
de niños que sufrieron con nosotros.
Agobiadoramente sucedíanse
los días con bombillas que se apagan
sobre la mesa familiar sin padres,
sin amor, sin ayuda, sin sol nunca
en aquel cielo sucio que cubría
de anocheceres largos nuestro pueblo.
Eladio Cabañero.
LA VOZ DE LA CLARIDAD POETICA
“En poesía –escribía Eladio Cabañero-, en todo buen hacer literario, la claridad es, más que un prurito de veracidad, un decidido afán de profundidad y sencillez. Ser sencillo por tanto, vale lo que pueda valer el ser exacto y preciso. No exactitud matemática ni precisión mecánica. La claridad es algo que empieza en la adecuación del diagnóstico con los síntomas, y termina por cumplirse y verificarse en todo cuanto hay de expreso en nuestro colectivo sentimiento”. Y añadía: “Deseo ser de esos que de lo oscuro hacia lo claro aspiran”.
La inspiración no puede ser sólo ganas de escribir, sino una vertical gana de descifrar los podemos mensajes de la vida y sus señales verdaderas. “Escribo al calor de estas temperaturas para que nadie, equivocado –decía Cabañero-, piense que escribo poemas misteriosos, sino de protestas y de amor. Escribo casi siempre de los que nadie defiende: ellos me inspiran y en ellos sólo creo”.
Eladio Cabañero López nace en Tomelloso, provincia de Ciudad Real, el 6 de diciembre de 1930. Su padre, fotógrafo y maestro, militante socialista fue fusilado en 1940, tras la guerra provocada por los militares rebeldes. Autodidacta íntegro –sólo asistió una semana a un colegio-, trabajó en el campo desde los nueve a los catorce años, en que fue aprendiz de albañil y oficial después. En 1956 se trasladó a Madrid, ayudado por los amigos, luego de recibir el Premio Juventud por su poema “El pan”. Trabajó doce años en la Biblioteca Nacional y diez en la editorial Taurus. También ejerció como redactor-jefe de la Estafeta Literaria. En 1957 obtuvo el accésit al Premio Adonais por su libro Una señal de amor, en 1963 recibió el Premio Nacional de Literatura por Marisa Sabia y otros poemas, y en 1971 el Premio de la Crítica por la recopilación de su obra Poesía 1956-1970.
Colaborador de diarios, revistas y emisoras de radio, participó habitualmente en los noventa como miembro del jurado del Premio de Poesía Vicente Aleixandre. El Ayuntamiento de Tomelloso le concedió la medalla de oro de la ciudad . Eladio Cabañero muere en Madrid el 22 de julio de 2000.
Entre las principales obras poéticas de Eladio Cabañero se cuentan: Desde el sol y la anchura (1956), Una señal de amor (1957), Recordatorio (1961), Marisa Sabia y otros poemas (1963), Poesía 1956-1970 (1970).
Eladio Cabañero es uno de los más importantes poetas de la generación del cincuenta. “Poeta social sin aspavientos –escribía Manuel Ríos Ruiz-, sino con profundidad y poeta amoroso de primera magnitud”. Juan Pedro Quiñonero decía: “Eladio comenzó a escribir poemas con las manos untadas de tierra, con las manchadas de cal y de mosto, en los campos, las obras y las bodegas de su pueblo”. Y añadía: “La obra de Eladio, en su pureza magistral, olía a tierra y pan recién salido del horno, con la bondad de las palabra dichas por los hombres buenos en el buen sentido de la palabra”. Eladio Cabañero fue siempre, en efecto, un gran poeta y una gran persona.
Cabañero ha deseado ser defensor acérrimo de lo estrictamente humano. “La vida justa y solidaria –injusta e insolidaria-, ese es el amor que me enamora y la música de mi cantar”, nos decía el poeta de Tomelloso. En su caminar poético sigue el camino de Antonio Machado, César Vallejo, Quevedo, por sólo citar a algunos de los que en su poesía y en su vida son poetas ejemplares.
Para este verdadero poeta, la poesía social es alta razón de eterna actualidad. “Por eso creo –decía-, y muchos compañeros míos comparten estas mismas ideas, que nuestro tiempo necesita de poetas morales, no moralistas, porque lo auténticamente social en poesía está empezando, siempre está empezando”. Y como dijo nuestro poeta: “Como el olvido es malo, nunca olvido, / han pasado estos años... Ahora veo / que es necesario hablar de despedirnos, / de un documento extraño que se firma / para dejar de ver a los que amamos”.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
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Gracias.
(1930-2000)
“Fue aquella vida falsa paz con hambre
ametrallada paz, desvalimiento
de niños que sufrieron con nosotros.
Agobiadoramente sucedíanse
los días con bombillas que se apagan
sobre la mesa familiar sin padres,
sin amor, sin ayuda, sin sol nunca
en aquel cielo sucio que cubría
de anocheceres largos nuestro pueblo.
Eladio Cabañero.
LA VOZ DE LA CLARIDAD POETICA
“En poesía –escribía Eladio Cabañero-, en todo buen hacer literario, la claridad es, más que un prurito de veracidad, un decidido afán de profundidad y sencillez. Ser sencillo por tanto, vale lo que pueda valer el ser exacto y preciso. No exactitud matemática ni precisión mecánica. La claridad es algo que empieza en la adecuación del diagnóstico con los síntomas, y termina por cumplirse y verificarse en todo cuanto hay de expreso en nuestro colectivo sentimiento”. Y añadía: “Deseo ser de esos que de lo oscuro hacia lo claro aspiran”.
La inspiración no puede ser sólo ganas de escribir, sino una vertical gana de descifrar los podemos mensajes de la vida y sus señales verdaderas. “Escribo al calor de estas temperaturas para que nadie, equivocado –decía Cabañero-, piense que escribo poemas misteriosos, sino de protestas y de amor. Escribo casi siempre de los que nadie defiende: ellos me inspiran y en ellos sólo creo”.
Eladio Cabañero López nace en Tomelloso, provincia de Ciudad Real, el 6 de diciembre de 1930. Su padre, fotógrafo y maestro, militante socialista fue fusilado en 1940, tras la guerra provocada por los militares rebeldes. Autodidacta íntegro –sólo asistió una semana a un colegio-, trabajó en el campo desde los nueve a los catorce años, en que fue aprendiz de albañil y oficial después. En 1956 se trasladó a Madrid, ayudado por los amigos, luego de recibir el Premio Juventud por su poema “El pan”. Trabajó doce años en la Biblioteca Nacional y diez en la editorial Taurus. También ejerció como redactor-jefe de la Estafeta Literaria. En 1957 obtuvo el accésit al Premio Adonais por su libro Una señal de amor, en 1963 recibió el Premio Nacional de Literatura por Marisa Sabia y otros poemas, y en 1971 el Premio de la Crítica por la recopilación de su obra Poesía 1956-1970.
Colaborador de diarios, revistas y emisoras de radio, participó habitualmente en los noventa como miembro del jurado del Premio de Poesía Vicente Aleixandre. El Ayuntamiento de Tomelloso le concedió la medalla de oro de la ciudad . Eladio Cabañero muere en Madrid el 22 de julio de 2000.
Entre las principales obras poéticas de Eladio Cabañero se cuentan: Desde el sol y la anchura (1956), Una señal de amor (1957), Recordatorio (1961), Marisa Sabia y otros poemas (1963), Poesía 1956-1970 (1970).
Eladio Cabañero es uno de los más importantes poetas de la generación del cincuenta. “Poeta social sin aspavientos –escribía Manuel Ríos Ruiz-, sino con profundidad y poeta amoroso de primera magnitud”. Juan Pedro Quiñonero decía: “Eladio comenzó a escribir poemas con las manos untadas de tierra, con las manchadas de cal y de mosto, en los campos, las obras y las bodegas de su pueblo”. Y añadía: “La obra de Eladio, en su pureza magistral, olía a tierra y pan recién salido del horno, con la bondad de las palabra dichas por los hombres buenos en el buen sentido de la palabra”. Eladio Cabañero fue siempre, en efecto, un gran poeta y una gran persona.
Cabañero ha deseado ser defensor acérrimo de lo estrictamente humano. “La vida justa y solidaria –injusta e insolidaria-, ese es el amor que me enamora y la música de mi cantar”, nos decía el poeta de Tomelloso. En su caminar poético sigue el camino de Antonio Machado, César Vallejo, Quevedo, por sólo citar a algunos de los que en su poesía y en su vida son poetas ejemplares.
Para este verdadero poeta, la poesía social es alta razón de eterna actualidad. “Por eso creo –decía-, y muchos compañeros míos comparten estas mismas ideas, que nuestro tiempo necesita de poetas morales, no moralistas, porque lo auténticamente social en poesía está empezando, siempre está empezando”. Y como dijo nuestro poeta: “Como el olvido es malo, nunca olvido, / han pasado estos años... Ahora veo / que es necesario hablar de despedirnos, / de un documento extraño que se firma / para dejar de ver a los que amamos”.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
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